El orgullo de pertenecer a nuestra hermandad se forja en los valores que la fundamentan: principios basados en la fe hacia los titulares que muchos hacen suyos a lo largo de las distintas etapas de su vida y que, gracias al espíritu familiar de la corporación, también se transmiten como herencia a las futuras generaciones.
Todo pasa. Los niños que en su día correteaban a los pies de la imponente torre de nuestra parroquia son hoy quienes custodian la devoción y el espíritu de una cofradía que no es solo una medalla, una túnica o una mañana de Corpus.
Por eso, dejándonos llevar por el amor maternal que nos infunde el fervor a la Virgen María, queremos poner a los más pequeños de nuestra hermandad bajo el manto de María Santísima de la Encarnación para albergar la certeza de que Ella sabrá guiar sus pasos a lo largo de sus vidas.
Así pues, el próximo viernes, tras la misa de las 20:00 que se celebrará frente al altar del Santo Crucifijo de la Salud, tendrá lugar este entrañable recibimiento, del que formarán parte aquellos miembros de la corporación nacidos después de la Semana Santa de 2025.
